El campo nicaragüense “se envejece”

Por Lucydalia Baca Castellón

Mientras la demanda de alimento se eleva cada día como consecuencia del crecimiento constante de la población, en América Latina los territorios productivos enfrentan un proceso de envejecimiento debido a la falta de relevo generacional (de bienes, roles y toma de decisiones) en la actividad agropecuaria.

Este panorama amenaza a la denominada agricultura de subsistencia y a la de pequeña escala, dándole paso a la actividad agropecuaria de gran escala. Esta situación solo podrá ser contrarrestada con el desarrollo de políticas y estrategias dirigidas a la juventud rural.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) al no poder superar las barreras que les impiden insertarse a nivel social y productivo en sus comunidades de origen, los jóvenes se trasladan a las ciudades para buscar oportunidades.

“El acceso seguro a la tierra para los jóvenes resulta ser un factor clave de empoderamiento y reconocimiento social, para ejercer su rol dentro de las familias, comunidades y organizaciones, así como para diversificar sus estrategias y proyectos de vida”, señala el estudio Acceso a tierra y estrategias de vida de los jóvenes rurales, realizado por la FAO en el marco de la iniciativa impulsada por la International Land Coalition-América Latina y el Caribe (ILC-ALC), en colaboración con la Corporación Procasur.

En el caso de Nicaragua el análisis basó sus resultados en el estudio de casos: procesos de redistribución de tierras a través de la herencia a jóvenes rurales en los municipios de Somotillo (Pacífico seco) y Río Blanco (zona de vieja frontera agrícola), liderada por Alfredo Ruiz para el Instituto de Investigación y Desarrollo Nitlapan.

CARECEN DE RECURSOS PARA COMPRAR TIERRAS

Dicha investigación determinó que “los jóvenes tienen pocas posibilidades de acumular los ingresos necesarios para la compra de tierra y están frecuentemente excluidos de los servicios financieros. A la vez se encuentran invisibilizados en las políticas públicas y como actores relevantes para el desarrollo de los territorios rurales”.

Además han sido excluidos de “todos los procesos de reforma agraria que se han desarrollado en el país”, esto los deja a expensas de la herencia familiar como único mecanismo para acceder a un capital inicial que les permita orientar sus estrategias de vida en el campo.

Pero “en pocas ocasiones los padres están en capacidad de traspasar tierras a sus hijos centrando los procesos de herencia en la distribución de otros activos como animales, educación y capital para financiar proyectos migratorios”, advierte la investigación.

Además, “después de treinta años de la Reforma Agraria más profunda que haya ocurrido en el país (1980) hoy vivimos profundos procesos de contrarreforma.

“En los últimos siete u ocho años, más de cien mil hectáreas han sido compradas y acaparadas por el gran capital, en su mayoría extranjero, que aprovecha los bajos precios de la tierra y la mano de obra, para impulsar proyectos a gran escala (palma africana, ganadería, cacao, caña, maní, plantaciones forestales y turismo en las zonas costeras)”, detalla la investigación de Nitlapan.

SE ELEVA COSTO DE LA TIERRA

Esto ha elevado el costo de compra y alquiler de la tierra productiva, lo que dificulta aún más que los jóvenes y pequeños productores en general puedan acceder a ella.

Otros mecanismos como la mediería (el dueño la da al que no tiene y reparten lo obtenido), el préstamo y el arriendo en zonas de la frontera agrícola, se van reduciendo aceleradamente. Además, el estudio determinó que los procesos de traspaso de tierra a través de herencia enfrentan muchos obstáculos.

“Los procesos de herencia se convierten en luchas generacionales entre los que son dueños de la tierra (padres) y los que la demandan (los hijos). Cuando los padres tienen restricciones de tierra y mano de obra, no están interesados o en capacidad de acelerar los procesos de herencia. La herencia muchas veces significa el fraccionamiento de la propiedad, incluyendo negativamente en la viabilidad de la finca. Además, mantener a los hijos en el núcleo familiar permite contar con mayor mano de obra disponible para la producción familiar”.

A partir de los resultados y las implicaciones de género encontradas en el estudio, Nitlapan determinó hacer otro estudio de profundización que se publicará próximamente bajo el nombre La herencia ¿una institución que cede

MUJERES SÍ TRABAJAN

La profundización “determinó que aunque existe el estereotipo de que la mujer no trabaja en el campo, hay mucha participación de ellas, tanto en la parte agrícola como en la ganadera. También se percibió que se han comenzado a registrar variaciones en la noción de trabajo del sector rural, porque ya no solo implica trabajar en el campo sino también financiar la actividad productiva a través de remesas”, dice René Rodríguez Fabilena, investigador de Nitlapan. “Este tipo de financiamiento se registra más en los municipios con altos índices de migración como los fronterizos y está variando la noción del trabajo y de ayuda a la familia”, detalla.

Otro hallazgo de la profundización es que el campo se está desfeminizando, ya que son las mujeres las que más están migrando hacia los centros urbanos. “Entonces la tendencia es que funcionen las familias extensas porque se van las mujeres y los hijos quedan a cargo de las abuelas”, explica el investigador.

Entre los avances se pudo determinar que algunas organizaciones y alianzas ayudan a mujeres jóvenes a demandar el acceso a la tierra.

Al disminuirse las oportunidades para que los jóvenes continúen con la actividad productiva se pone en riesgo la soberanía alimentaria del país porque es a través de la agricultura familiar que se producen los alimentos y eso a futuro puede provocar que se encarezcan sus costos, señala Rodríguez Fabilena.

Para contrarrestar esta falta de oportunidades, Nitlapan aconseja generar conocimiento en torno a los mecanismos para acceder a la propiedad de la tierra, pero también para el acceder a los mercados que garantice a los jóvenes la colocación de sus productos. “Además es necesario que se reactiven las organizaciones productivas que permitan plantear cuestiones como temas de derecho, políticas agrarias y dentro de las políticas agrarias debería ser necesario que se regulen los procesos de acumulación de la tierra para evitar que sigan ahogando a los productores de subsistencia”, recomienda el especialista.

Cambiar esquemas

Según la FAO actualmente los jóvenes no se involucran en actividades agropecuarias, ya que consideran que no generan ganancias, son de alto riesgo e inversión, e implican mucho esfuerzo.

Para suplir estas deficiencias, han surgido arreglos institucionales que, sin embargo, no representan una ayuda real y justa para los productores al insertarse en el mercado. Ejemplos de estas son los mayoristas y los intermediarios.

Por ello, es indispensable la implementación de políticas públicas que consideren relaciones más horizontales que generen más beneficio para ambas partes, como las cooperativas y asociaciones de productores.

Da seguridad

Según la FAO la tenencia de la tierra es sinónimo de seguridad para los jóvenes, pues no solo les permite trabajar, sino diversificar sus actividades a través del arrendamiento o como un modo de iniciar otro tipo de actividades mediante el ahorro. En este sentido, la organización considera indispensable que los Estados aseguren diversos mecanismos que permitan facilitar el traspaso y de este modo aseguren a los jóvenes la tenencia de tierra.

Fuente: La Prensa