Informe País señala: Las mujeres rurales no se pueden medir con el mismo rasero

Las mujeres rurales aportan el 27.5% del PIB agrario de Nicaragua.

Las mujeres rurales aportan el 27.5% del PIB agrario de Nicaragua.

Heterogeneidad, cambios y continuidad son tres palabras que caracterizan la situación de las mujeres rurales en el país, señala el informe “Mujeres rurales en Nicaragua”, elaborado por la doctora Selmira Flores, directora del área de investigación del Instituto de Investigación y Desarrollo Nitlapan de la Universidad Centroamericana (UCA).
El informe señala que aunque la situación de las mujeres rurales está referida, en su mayoría, a la problemática relacionada con la falta de tierra o a las dificultades para el acceso a ella, así como a las limitaciones para el acceso a otros recursos productivos, la necesidad de apoyo a las mujeres rurales debe considerar tanto las actividades agropecuarias como las no agropecuarias donde ellas se involucran.
“Existe un vacío de información principalmente sobre las mujeres que no tienen tierra (o que tienen poca tierra) y que encuentran en otras actividades no agropecuarias una opción para trabajar y generar ingresos de manera complementaria o de manera temporal. La diversidad existente entre las mujeres rurales, así como el reconocimiento de la persistencia de factores de desigualdad de género, pese al avance del marco legislativo, requiere de mayor estudio y discusión”, afirma el documento.
Distribución de relaciones de poder

El compartir labores domésticas es fundamental para el desarrollo de las mujeres rurales.

El compartir labores domésticas es fundamental para el desarrollo de las mujeres rurales.

Por tanto, dentro de la jurisprudencia que acompaña la “lucha de las mujeres rurales, un grupo tan heterogéneo”, aquellas políticas, programas o proyectos de lucha contra la pobreza, no son precisamente apropiadas para abordar en las cuestiones de género que se recogen en este informe.
“Esas políticas, programas o proyectos normalmente se remiten a pensar en las mujeres rurales como un grupo homogéneo, por ello, “todo se reduce a dar acceso a tierra y a crédito”. Pero, si bien estos dos recursos son necesarios, también lo son el acceso a información, a capacitación técnica y a organización social, además, se debe tener en cuenta que es indispensable disminuir la carga del trabajo doméstico mediante una mejor distribución de responsabilidades con los varones dentro de sus hogares”.
También existen vacíos de información y conocimiento sobre las estrategias que siguen las propias mujeres para enfrentar sus restricciones en el acceso a recursos (tierra, información, capacitación, etcétera) y cómo lo que ofrece el Gobierno o los programas de las organizaciones de sociedad civil con apoyo de agencias de cooperación hace sinergia con las propias estrategias de las mujeres para afrontar la pobreza y la inequidad de género.

Recomendaciones

No existe un censo que determine el número de mujeres rurales propietarias de tierra.

No existe un censo que determine el número de mujeres rurales propietarias de tierra.

El informe presenta una serie de recomendaciones entre ellas  que cualquier programa, proyecto o política pensada para mujeres rurales debe tener presente que existen mujeres que viven en el campo y que realizan diferentes actividades. Dadas las normas de género que se interiorizan, para algunas mujeres sus prioridades no necesariamente estarán enfocadas en el trabajo agropecuario, ya que no tienen acceso a tierra, ni son reconocidas como productoras.
También señala que lograr avances significativos en el tema del acceso a recursos para las mujeres rurales (tierra, crédito, información, tecnología, capacitación, etcétera) no se conseguirá de manera efectiva si no se trabajan con los hombres (esposos, hijos, compañeros, hermanos), los temas de la masculinidad dominante y las nuevas masculinidades, de tal manera que paulatinamente se vayan instaurando nuevas formas de colaboración en las responsabilidades y tareas intra-hogar para el aseguramiento y cuido de la vida.
“Hay que reflexionar en el costo del apoyo para el acceso de las mujeres rurales a recursos productivos, cuando los hombres de sus hogares no comparten las responsabilidades de las actividades domésticas. No hacerlo, lleva al aumento drásticamente de la carga de trabajo de las mujeres”, concluye.