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Por:René Mendoza V. 

Con la colaboración de Edgar Fernández, Wilber Martínez, Edmundo López, Yeris Lanzas, Hulda Miranda y Eliseo Miranda.

"Yo le tenía confianza a mi tierra, lo que le ponía  me daba; de unos años acá se ha vuelto retrechera;  ahora mi cafetal está enferma. Me daba lástima receparlo, hoy yo doy lástima"
Pequeño productor de El Ojoche, San Juan del Río Coco.
 
 
Diversas voces en el país expresan sus demandas y propuestas en torno al café a raíz del problema de la roya. La principal demanda es porque se cuantifique la dimensión del daño, se les provea de insumos, indemnice a los pequeños productores afectados, y se les apoye en la renovación del café. El gobierno ha respondido diciendo que aunque no se ha declarado el estado de emergencia, ya se “está trabajando en emergencia” (A. Bucardo, LP 2-02-13) y que “funcionarios de varios ministerios trabajan en la estrategia nacional de combate a la roya, de manera que en las próximas semanas vayamos procurando soluciones a esta terrible plaga que ha afectado los cafetales” (R. Murillo, LP 2-02-13). O sea, no se avecina subsidios en insumos químicos en el combate a la roya, tampoco re-estructuración de deudas bancarias ni financiamiento subsidiado para renovación de cafetales. Esta situación da lugar a que las soluciones sean más bien logradas de forma compartida entre el gobierno, las cooperativas, los gremios, las empresas y las familias productoras, una concertación que puede ser respaldada también por los organismos internacionales como el BID, FAO, Unión Europea y otras organizaciones ligadas al café. Este artículo busca darle sustento a este escenario de un modo concreto, lo hace discerniendo la dimensión del problema, explicitando la visión dominante bastante reduccionista, y dando pistas para una visión que responda a la mayoría de las familias productoras.
 
La roya, y por esa puerta la oportunista antracnosis, es una realidad difícil de obviar; ese matrimonio roya-antracnosis va dejando árboles de café muertos en pie. Sin embargo, su avance y efectos no son generalizados, varía de un micro-territorio a otro. A más concentración de áreas de cafés orgánicos y convencionales, pobre manejo de las fincas cafetaleras (productores convertidos en “cosecheros”, sin asistencia técnica), y débil capital social (primacía de habilitadores, cooperativas alejadas de sus asociados), más afectados son. Las familias en esos micro-territorios ya van sintiendo la reducción de sus ingresos, hay riesgo de que no honren sus deudas ni el café comprometido (habilitado), lo que debilitará a sus cooperativas e instituciones financieras; esto restringirá el crédito justo cuando más lo necesitan para reconvertir sus fincas (recepar, renovar, aplicar fungicidas, fertilizar, hacer manejo de tejido) y para subsistir; luego llegará el próximo ciclo y –con o sin renovación– cosecharán aún menos que ahora… En esos micro-territorios se avecina pues fuerte endeudamiento, cafés orgánicos convertidos en convencionales, posible cambio de variedad que afecte la calidad del café que el país ha ganado, quiebra de cooperativas, despojo de tierras, y posible llegada de la pauperización.
 
La pregunta dominante para responder a esta problemática ha sido: ¿Cómo atacar el problema específico de la roya y recuperar los cafetales? A primera vista esta pregunta supone una visión tecnocrática, esconde las causas que la generaron, hace creer que las cosas se resuelven solo con recursos externos, es de corto plazo que obvia sus consecuencias en el mediano y largo plazo, y es expresado en nuestros días tanto por quienes demandan atención como por quienes anuncian políticas. En correspondencia, las empresas ofertan insumos químicos como la panacea a la roya, y algunos productores desesperados intentan adquirirlos, sin que sea el momento adecuado para aplicarlas y sin ponderar de qué realmente necesita su café y su finca; suena la promesa de renovación de cafetales que implica hacer viveros en 3 meses comenzando ahora mismo, de recibir ingresos por ese café renovado recién en 3 años, y lo peor es que estas promesas tienta a los productores a “esperar” mientras el matrimonio roya-antracnosis “no espera,” avanza como el aceite. Esta medicina no convence, la ausencia de soluciones compartidas (no necesariamente comunes) está haciendo perder tiempo que ante la roya-antracnosis es más que valioso, favorece más una lógica de las grandes empresas –cafetaleros y vendedores de insumos químicos–, profundiza la cultura de la dependencia, y obvia el que esta situación es más bien un indicador de un modelo de caficultura desigual que ha dejado a los pequeños productores sin condiciones apropiadas para reconvertir sus fincas.
 
La pregunta que precisamos hacernos es: ¿Cómo viabilizar la economía campesina donde están la mayoría de los productores de café? Esta pregunta supone una visión más integral que incluye lo técnico, lo económico, lo ambiental y lo social; es de corto plazo en la medida que es de largo plazo, y es un pensamiento que ronronea la perspectiva campesina. Mencionamos 3 elementos de propuesta bajo este marco. Primero, precisamos responder con equilibrio entre lo técnico y lo económico; la renovación debe ser con variedades resistentes y que mezcladas entre variedades den buena taza (calidad) de café; al renovar los cafetales, las familias campesinas deben sembrar frijol, maíz y chagüite en las calles, lo que les generará ingresos en el corto plazo que los requieren con urgencia.
 
Segundo, lo técnico-económico precisa combinarse con lo ambiental. La regulación de sombra, recepo y renovación deja desprotegido la cobertura del suelo ante las lluvias, de ahí la solución mencionada de siembra de granos básicos y chagüite en sus calles es también una respuesta ambiental, pues ayudará a proteger la cobertura del suelo. Con la regulación de sombra, INAFOR debe flexibilizar sus políticas para permitir que las familias campesinas aprovechen los árboles maderables de sus fincas, esos ingresos ayudará a que honren sus deudas e inviertan en sus fincas. El café orgánico aparece más vulnerable a la roya y a la antracnosis, porque buena parte de ese café es orgánico en tanto no le aplican insumos químicos (fertilizantes e insecticidas), y porque esos cafetales generalmente están más distantes de las carreteras y en manos de estratos pobres que rentabilizaron su café por la vía extensiva. Es importante entonces que las cooperativas se movilicen para que sus asociados den buen manejo a sus cafetales, que sus técnicos den realmente asistencia técnica en lugar de solo registrar datos para las certificadoras, y buscar que éstas certificadoras adapten sus normas a las condiciones locales. Y dado que es muy complicado lograr que las organizaciones del comercio justo internacional flexibilicen sus políticas permitiendo uso bajo de insumos químicos, debido a que la certificación se hace de acuerdo a criterios establecidos por la Unión Europea, las cooperativas deben coordinarse con dichos organismos para que los premios por ser “comercio justo” y “orgánico” sean utilizados por las familias productoras para levantar sus fincas; de lo contrario los productores con café orgánico, en particular aquellos que sí fertilizan con abono orgánico, girarán hacia lo convencional, y si se aferran a mantenerse en orgánico tanto ellos como sus fincas darán “lástima.”
 
Tercero, a diferencia de la mayor parte de la Región Autónoma Atlántico Norte y Atlántico Sur, la región norte-central del país no tiene más frontera agrícola donde expandirse, por lo que la agricultura intensiva es su única opción, cuya viabilidad (productividad de la tierra, del trabajo y del capital) pasa porque los productores expandan y generen conocimiento. La tierra se ha vuelto “retrechera”: la cultura de la agricultura extensiva YA NO ES rentable. Ante esta realidad, se requiere asistencia técnica coordinada entre productores, técnicos (promotores) de base con “pies desnudos” y expertos, lo que debe darse en formas de alianza entre diversas organizaciones y estructuras de generación de conocimientos locales que coinciden en los micro-territorios específicos. Esta asistencia técnica debe incluir educación financiera: calcular costos, planificar, prever riesgos, ahorrar, saber invertir, organizar los miembros de la familia, evitar el alcoholismo… La experiencia de Nitlapan-UCA y de la microfinanciera FDL muestra que los pequeños productores aprecian la asistencia técnica cuando ésta les ayuda a aumentar su productividad y a evitar enfermedades como la roya y la antracnosis, ese aumento en productividad les reduce costos por quintal, y les genera más ingresos y más saber. Si la asistencia técnica, crédito y buenos mercados se combinan en territorios específicos, a la par de buenas organizaciones, las familias mejoran sus vidas, la roya huye, la cultura del no pago se aleja, y se viabiliza la economía campesina.
 
Apoyado en estos puntos, un nuevo tipo de productor puede emerger, un productor que observa y estudia el comportamiento de las variedades de café en su finca, escoge las plantas más resistentes para sacar semilla de su misma finca, mezcla con el que luego saca la “taza.” Es un productor que entiende que no es la variedad de café el problema, ni si es orgánico o convencional, pero manejo de su finca y capital social en su territorio, no se atiene al Estado, se arriesga y pierde “lástima” por sus árboles podando, recepando y renovando, se reorganiza desde su familia y su localidad, busca asistencia técnica y cumple lo negociado con los técnicos sobre qué hacer en su finca, y cuando obtiene crédito y buenos ingresos alimenta a su finca y al saber de su familia que son “la gallina que le da los huevos de oro”.
 
Estos puntos también deben ser razonados y negociados con las organizaciones e instituciones. Las instituciones del estado deben responder con políticas claras (p.ej. INAFOR ante árboles maderables en fincas) y se preparen con medidas de compensación social para realidades que se avecinan. Organismos como CONACAFE deben coordinarse con organizaciones homólogas de Centroamérica para obtener tipos de variedad de café catimor que son resistentes a enfermedades y a la vez tienen alta taza (calidad). Las cooperativas de primer grado deben ser espacio para buscar soluciones concretas y rápidas en cada micro-territorio, y las cooperativas de segundo grado negociar con las organizaciones del comercio justo internacional la flexibilización de sus políticas y el fomento de una colaboración de más aprendizaje entre certificadoras, técnicos y productores. Las instituciones financieras, lejos de ahuyentarse, deben entrar en alianza con organizaciones que innoven en asistencia técnica y estudios rápidos participativos, y con cooperativas que se encuentren en los mismos territorios. La asistencia técnica tradicional (vendedores de insumos químicos, mandaderos de directivos, cobradores de crédito, y levantadores de datos sólo para las certificadoras) precisan reconvertirse en facilitadores que co-crean y negocian conocimiento con diversos actores (productores, cooperativas, microfinancieras, instituciones de investigación y que proveen asistencia técnica, certificadores y organizaciones del comercio justo) con incidencia en los territorios.
 
En pos de soluciones compartidas en un marco de concertación entre diversos actores, el desafío es movilizar voluntades, fuerzas y abrir mentalidades para trabajar con las familias de los pequeños productores en micro-territorios específicos, así como apostar por la viabilidad campesina: reconversión productiva en una realidad en que la agricultura extensiva ya no es rentable y la agricultura intensiva es el camino –al menos en la región central-norte del país donde se encuentra la mayor parte del café del país.