De Pregonera a Empresaria

Más del 50 por ciento de la población de Nicaragua son mujeres y hombres jóvenes,  tanto en las zonas rurales como urbanas. Dentro de ese rango encontramos a Bárbara Cristina Gutiérrez, quien tiene 30 años, es madre de dos hijos y vive en la comunidad La Parrilla en el municipio de Villa El Carmen, departamento de Managua.

Esta joven hasta no hace mucho recorría las calles de su comunidad pregonando la venta de zapatos nacionales comprados en la ciudad de Masaya, usando su limitado capital propio para su negocio ambulante, a veces corría con suerte y vendía de contado, sin embargo, la mayoría de las veces, le tocaba dejar la mercancía a sus clientes de fiado y pactado en dos pagos, aunque no siempre los deudores cumplían con la paga en tiempo y forma.

Asi  trascurrían sus días en la búsqueda del pan de cada día para ella y sus dos pequeños hijos, hasta que surgió una oportunidad con Nitlapan, alguien le dijo, “mirá esta es tu oportunidad para que pongas el negocio en tu casa, además que es propia y no tenes que alquilar un local”. A Bárbara le gusto la idea y de inmediato se puso en contacto con el equipo de Nitlapan e iniciaron las conversaciones sobre la posibilidad prosperar su emprendimiento. “A mi me gustó la idea, porque el requisito era ser trabajadora, honrada y querer salir adelante, además el instituto me dio la posibilidad de decidir en que tiempos podía ir pagando ese capital semilla con el que me apoyaron”, expresa sonriente la hoy empresaria”.

Agrega que desde que comenzó a trabajar con Nitlapan su vida es diferente, estableció su negocio en la casa y ahora tiene una pulpería surtida que va desde la venta de zapatos, chinelas, bebidas, café y productos de abarrotería. “Ahora ya no ando en las calles, hasta acá a mi casa vienen los clientes y estoy feliz porque cuido de mis hijos, la casa y atiendo el negocio”.

Bárbara, se maravilla al ver su vitrina surtida pero sus aspiraciones van más lejos porque la que es hoy una pequeña pulpería quiere verla convertida en un gran almacén comercial, tanto así que en esta época de cuidados por la pandemia del COVID-19, los proveedores no llegan a abastecerla, no obstante, ella con todas las medidas de protección se va al mercado oriental a hacer su compras para dar respuesta a sus clientes.

La joven  con una gran sonrisa y mirada radiante dice “Me siento feliz y estable, porque he mejorado mis condiciones de vida, las de mi familia y tengo mejores ingresos. Mi meta es seguir incrementando mi capital de trabajo  y quiero seguir invirtiendo más”.

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